(Excelsior). Además, es una manera de introducir a los mexicanos al sistema bancario, según Miguel Cintrón, vicepresidente de productos de prepago para Latinoamérica y el Caribe de MasterCard Worldwide.
Y es que el mecanismo a través del cual operan es: el gobierno estatal, municipal, la instancia de asistencia social o la universidad que reparte los recursos de ayudas y/o becas, las deposita en una tarjeta.
Luego, el receptor acude a un cajero automático o a una sucursal bancaria a retirar el efectivo o bien, paga con el plástico en diferentes establecimientos.
“Al tener el dinero en una tarjeta, lo que se logra es tener un cierto control de en qué gastan y cómo gastan los beneficiados de los diferentes programas. De esta manera se puede decir que se tiene información fidedigna del uso de los montos que se reparten, ya sea de parte del aparato gubernamental o de las universidades”, explica Cintrón.
Aunque MasterCard no da cifras, el directivo comenta que en los últimos cinco años ha habido “un importante aumento en el número de usuarios con tarjetas de prepago” en América Latina.
No obstante, en países como Estados Unidos o Brasil, la expansión se dio hace más de cinco años.
Según sus expectativas, en 2015 se moverán recursos por 680 mil millones de dólares en productos de prepago. Lo anterior, como una referencia, luego de que el directivo se negara a dar la cifra de lo que se gasta hoy por este mecanismo en la región latinoamericana.
Las personas que cada cierto tiempo reciben y utilizan sus recursos a partir de una tarjeta de prepago, van creando un historial crediticio que queda en los registros de los bancos en los que los gobiernos y las universidades hacen el depósito.
Luego, si es que el usuario muestra un buen comportamiento en el uso y manejo de la tarjeta, el banco lo toma en cuenta y, si es del tipo de cliente al que busca atender, le ofrece un producto crediticio.